El 2 de junio de 1884, la fusión del Banco Nacional Mexicano — fundado con capital franco-mexicano en 1882 — y el Banco Mercantil Mexicano dio origen al Banco Nacional de México. La nueva institución recibió la concesión para actuar como banco emisor de billetes y agente financiero del gobierno federal, privilegio que mantuvo hasta la creación del Banco de México en 1925.
Durante sus primeras décadas, Banamex financió la infraestructura ferroviaria, la minería de plata y las primeras industrias manufactureras del país. El banco estableció sucursales en las principales ciudades comerciales — Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla y Veracruz — creando la primera red bancaria verdaderamente nacional.
La Revolución Mexicana de 1910-1920 puso a prueba la solidez de la institución. Mientras otros bancos quebraron durante la incautación de 1916, Banamex sobrevivió gracias a la diversificación de su cartera y las reservas acumuladas durante tres décadas de operación conservadora. Para 1932, ya operaba como banco comercial bajo la nueva Ley General de Instituciones de Crédito, sentando las bases de la banca corporativa moderna.

